
Un recorrido por siglos de historia ha permitido descubrir los secretos que esconden las calles de Muro, desde antiguos cementerios hasta el inquietante origen del nombre de la calle de la Gàbia.
Las calles de Muro de Alcoy han vuelto a convertirse en escenario de misterios, leyendas y episodios oscuros de su pasado con la celebración de la Ruta de las Almas Perdidas, una experiencia que ha llevado a los participantes a recorrer algunos de los rincones más emblemáticos del municipio para conocer historias que han sobrevivido al paso de los siglos.
De la mano de Pere Corredor Peinado, los asistentes han viajado desde la Edad Media hasta la época contemporánea a través de relatos populares, testimonios transmitidos de generación en generación y sucesos reales recogidos en antiguas publicaciones de prensa.
Asesinatos, condenas y una calle con un nombre inquietante
Uno de los aspectos más llamativos del recorrido ha sido el descubrimiento de algunos de los episodios más sombríos de la historia local. Asesinatos, ajusticiamientos y antiguas creencias han formado parte de una narración que ha permitido conocer cómo vivían, qué temían y cómo interpretaban determinados acontecimientos los habitantes de Muro en otras épocas.
Entre las curiosidades históricas abordadas destaca el origen del nombre de la calle de la Gàbia, cuya denominación, según explicó Pere Corredor, estaría relacionada con los ajusticiamientos que se producían antiguamente.
La ruta también ha permitido recuperar la memoria de espacios funerarios desaparecidos que hoy forman parte del entramado urbano del municipio.
Los participantes han conocido la ubicación del antiguo cementerio musulmán de l’Ereta, que se extendía hasta las proximidades del actual mercado, así como la del cementerio cristiano, situado en el lugar que hoy ocupa la escalinata de la iglesia.
Dos espacios que recuerdan cómo la evolución urbanística ha transformado lugares que durante siglos estuvieron vinculados a la muerte y a las tradiciones funerarias.
El rincón donde Muro despedía a sus difuntos
Más allá de los relatos inquietantes, la actividad también ha servido para recuperar antiguas costumbres que formaban parte de la vida cotidiana del municipio.
El recorrido ha finalizado en un lugar especialmente significativo: la esquina donde tradicionalmente se despedía el duelo.
Era el punto en el que los vecinos expresaban sus condolencias a las familias antes del entierro, una práctica que refleja la importancia de los vínculos comunitarios y del acompañamiento en los momentos de pérdida.
Este último enclave ha aportado una dimensión más humana a una ruta que no solo ha explorado el misterio, sino también la manera en que generaciones de vecinos han afrontado la muerte y conservado la memoria de sus antepasados.
Un minuto de silencio antes de adentrarse en el pasado
La actividad comenzó con un momento de recogimiento. Antes de iniciar el recorrido, los participantes guardaron un minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente ferroviario, como muestra de respeto y solidaridad con sus familiares.
El gesto dio paso a una experiencia cultural que ha combinado historia, tradición oral y memoria colectiva, poniendo de relieve el patrimonio inmaterial que todavía permanece vivo en las calles de Muro.
Y, como corresponde a una ruta rodeada de misterios, el Ayuntamiento ha cerrado su relato con una nota de humor: en alguna de las fotografías tomadas durante la actividad parece haberse colado un fantasma, aunque tampoco se descarta que todo se deba al pulso de quien sostenía la cámara.
Porque en Muro las calles pueden cambiar con el paso del tiempo, pero sus nombres, sus leyendas y las historias de quienes las habitaron continúan guardando secretos que merece la pena conocer.


