La situación del mercado de la vivienda en Finestrat ha llegado a un punto crítico. En plena temporada alta, el precio del alquiler vacacional se ha disparado, con apartamentos que superan los 1.200 euros por semana en zonas como la Cala. Mientras tanto, las familias residentes, jóvenes y trabajadores locales se ven expulsados del municipio, incapaces de asumir unos precios que no dejan de subir año tras año.

Existe en la actualidad un crecimiento descontrolado del alquiler turístico debido a la falta de previsión de las consecuencias sociales de esta deriva. Desde el Ayuntamiento no se ha limitado la concesión de licencias, y no se han promovido políticas de vivienda asequible, ni se ha protegido el parque residencial de larga duración.

El resultado es un municipio cada vez más enfocado al visitante temporal y menos habitable para quienes lo eligen para vivir todo el año. Los barrios se vacían fuera de temporada, los servicios públicos se tensionan en verano y el acceso a la vivienda digna es ya una emergencia social.

Mientras otros municipios de la provincia toman medidas para proteger a sus vecinos, en Finestrat se sigue priorizando el beneficio rápido de unos pocos frente al interés general. La falta de planificación, regulación y voluntad política está dejando un municipio desequilibrado, donde vivir se está convirtiendo en un lujo reservado para quienes pueden pagar… o solo quedarse una semana.

Por Redacción Marina Baixa

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