
En política, hay trayectorias que se explican solas. La de Rafael Gomis, hoy portavoz de Compromís en Confrides, es una de ellas: una historia donde el compromiso se invoca más de lo que se practica.
Su nombre ya aparecía en el Boletín Oficial del Estado en mayo de 2001, vinculado a un episodio llamativo: fue excluido del proceso para acceder como militar de profesional del Ejército del Aire. El motivo, recogido textualmente en la resolución del Ministerio de Defensa, fue el número 4: “estar declarado objetor de conciencia”. Es decir, Gomis trató de entrar voluntariamente en el Ejército tras haberse negado antes a cumplir el servicio militar obligatorio. Una paradoja que marcaba ya un patrón: decir una cosa y hacer otra.
Años después, ese mismo patrón se repetiría en su faceta política. Durante la legislatura 2019-2023, Gomis fue número dos en la candidatura del Partido Popular de Confrides y teniente de alcalde del actual alcalde durante casi todo el mandato. Sin embargo, unos meses antes de las elecciones de 2023, decidió abandonar el equipo de gobierno y presentarse meses después como número dos de nuevo, esta vez de la candidatura de Compromís, en un giro político tan rápido como inesperado.
Tras los comicios, la dimisión del número uno de la lista le permitió asumir la portavocía del grupo municipal, cargo que mantiene a día de hoy.
El problema no es únicamente la facilidad con la que cambia de siglas. Lo verdaderamente significativo es su ausencia prolongada de la vida municipal. Rafael Gomis Masanet lleva más desde noviembre de 2024 sin asistir a ningún pleno de la corporación —ni ordinarios ni extraordinarios— ni a las comisiones, y todo ello sin justificar cada una de sus ausencias. En otras palabras, sigue ostentando el título de portavoz, pero no ejerce las responsabilidades que ese cargo implica, al margen de hacer algunas publicaciones y críticas sobre la actual gestión del equipo de gobierno en las redes sociales.
La trayectoria de Rafael Gomis es, en suma, el retrato de una forma de entender la política como escenario más que como servicio. De objetor de conciencia a aspirante a militar, de número dos del PP a portavoz de Compromís, y de representante público a ausente institucional.
Al final, el compromiso no se mide por los cargos que se mantienen, sino por la presencia, la coherencia y la responsabilidad con la que se ejercen. Y en ese terreno, Gomis Masanet parece llevar tiempo en paradero político desconocido.

