Sonia Guerrero autora de ‘Ella vino para salvarme’

La autora de Ibi publica ‘Ella vino para salvarme’, una historia nacida de una experiencia personal que busca poner palabras al duelo gestacional y al proceso emocional que puede aparecer tras una interrupción voluntaria del embarazo.

Ariadna tenía nombre. Tenía un lugar en los planes, en las expectativas y en el corazón de su madre. Aunque su paso por la vida de Sonia Guerrero fue breve y nunca llegó a casa, su existencia dejó una huella que, años después, se convirtió en un libro.

Sonia Guerrero Sola, nacida en Ibi y nutricionista desde 2017, es ahora también autora de ‘Ella vino para salvarme’, una obra en la que transforma una experiencia personal de maternidad, pérdida y duelo en una historia con la que pretende acompañar a otras personas que atraviesan situaciones similares.

“Soy una mujer a la que la vida puso delante de una experiencia que nunca imaginó tener que vivir y que, con el tiempo, decidió transformar ese dolor en palabras”, explica Sonia.

El libro nace de una necesidad personal. En un primer momento, la autora no tenía intención de escribirlo. Comenzó a plasmar por escrito su día a día durante el proceso de duelo, siguiendo también la recomendación de su psicóloga. Pero aquella escritura terminó convirtiéndose en algo más profundo: la necesidad de regresar a lo ocurrido, ordenar las emociones y poner palabras a aquello que durante mucho tiempo había resultado difícil de explicar.

En paralelo, Sonia comenzó a buscar información y testimonios que pudieran ayudarla a comprender lo que estaba viviendo. Encontró abundante documentación sobre aspectos psicológicos, embarazos y fisiología, pero asegura que encontró mucho menos sobre las consecuencias emocionales que pueden aparecer después de una interrupción voluntaria del embarazo.

“Me di cuenta de que yo no era la única. Que había otras mujeres y otras familias viviendo duelos similares y que, muchas veces, lo hacían en silencio”, recuerda.

Fue entonces cuando aquella escritura dejó de ser únicamente una herramienta personal y empezó a convertirse en un proyecto con vocación de acompañamiento.

Dar un lugar a Ariadna

El nombre de Ariadna ocupa un lugar central en el relato. Para Sonia, ponerle nombre significa reconocer su existencia y darle un espacio dentro de su propia historia.

“Ariadna, aunque su paso fue breve, existió. Ella me convirtió en madre, es mi hija, tuvo un nombre, una historia y un lugar en mi vida”, afirma.

La autora considera que poder hablar de ella abiertamente forma parte de su propio proceso y también puede ayudar a otras familias a comprender que reconocer una pérdida no implica necesariamente quedarse atrapado en ella.

Su experiencia le ha llevado además a descubrir la existencia de asociaciones, profesionales y recursos especializados en acompañamiento. Sin embargo, considera que en muchas ocasiones esa información llega demasiado tarde, cuando la persona ya ha atravesado buena parte del proceso sin saber dónde acudir.

Por eso, uno de los objetivos que persigue ahora es precisamente adelantar esa información y contribuir a que otras personas conozcan que pueden existir duelo, emociones contradictorias y necesidad de acompañamiento después de una interrupción voluntaria del embarazo.

Cuando una decisión también puede dejar un duelo

Uno de los aspectos que aborda de manera más directa ‘Ella vino para salvarme’ es la posibilidad de experimentar un proceso de duelo después de una interrupción voluntaria del embarazo.

Sonia considera que todavía existe una visión excesivamente simplificada de esta realidad. “Puedes tomar una decisión de manera consciente y, aun así, sufrir muchísimo después”, sostiene.

Para la autora, una decisión y las emociones posteriores no tienen por qué excluirse mutuamente. Una persona puede haber considerado que una determinada decisión era la que necesitaba tomar y, al mismo tiempo, experimentar tristeza, vacío, culpa, rabia, amor o añoranza.

“Una cosa no invalida la otra”, afirma.

Desde su experiencia, hablar de ese duelo no pretende cuestionar el derecho a decidir, sino reconocer que detrás de cada historia existe una persona y unas circunstancias concretas que no siempre son visibles desde fuera.

Aprender a acompañar sin intentar borrar el dolor

Para Sonia, una de las principales dificultades que todavía existen alrededor del duelo es que socialmente tendemos a buscar una solución rápida al sufrimiento.

Frases como “tienes que ser fuerte”, “ya pasará”, “eres joven”, “ya tendrás otro” o “al menos no lo conociste” pueden pronunciarse con buena intención, pero pueden hacer que quien está sufriendo sienta que su dolor no tiene espacio.

Frente a ello, propone algo mucho más sencillo: estar.

Escuchar sin intentar responder constantemente, preguntar qué necesita la persona, respetar sus tiempos y no tener miedo de hablar del bebé forman parte, según explica, de ese acompañamiento.

En su caso, poder escuchar el nombre de Ariadna no representa una amenaza, sino un reconocimiento.

“Acompañar también consiste en perder el miedo a hablar de la persona que hemos perdido”, señala.

El duelo no se supera, se aprende a vivir con él

Sonia también cuestiona la idea de que todos los duelos tengan una duración determinada o deban seguir unas etapas concretas.

“No creo que un duelo se supere como quien supera un obstáculo. Creo que aprendemos a vivir con él”, explica.

Con el paso del tiempo, sostiene, el dolor cambia y también cambia la relación con la pérdida. Pero aprender a continuar no significa olvidar.

Desde esa perspectiva nació también una de las motivaciones fundamentales del libro: conseguir que otras personas puedan encontrar antes las palabras, los recursos y el acompañamiento que ella necesitó buscar por su cuenta.

“Yo no puedo cambiar mi historia, pero sí puedo intentar que mi historia sirva para algo”, afirma.

Octubre y una conversación que quiere continuar

El mes de octubre se convierte en un momento especialmente significativo para Sonia por la oportunidad de visibilizar el duelo gestacional, perinatal y neonatal y abrir conversaciones que durante mucho tiempo han permanecido en segundo plano.

Su mensaje para las familias que atraviesan una situación similar es directo: “No están solas”.

La autora defiende que el dolor no necesita una justificación para ser válido y anima a quienes atraviesan un duelo a buscar personas y espacios en los que puedan hablar sin sentirse juzgados.

‘Ella vino para salvarme’ pretende precisamente convertirse en uno de esos espacios. Un libro nacido de una historia concreta que busca trascenderla para acompañar a otras personas, tanto a quienes han vivido una pérdida como a quienes quieren aprender a estar al lado de alguien que está sufriendo.

“Si ‘Ella vino para salvarme’ consigue que una persona se sienta comprendida, que alguien se atreva a pedir ayuda o que otra persona aprenda cómo acompañar a alguien que está sufriendo, entonces todo ese dolor habrá encontrado una forma de convertirse en algo útil”, concluye Sonia.

La autora ya ha presentado el libro en Ibi y ha participado en un conversatorio sobre duelo en Tibi. Ahora quiere continuar acercando el proyecto a otros municipios y generar espacios de conversación y sensibilización en colaboración con profesionales, asociaciones e instituciones.

Su intención, más allá de presentar un libro, es que hablar del duelo deje de ser una conversación incómoda y se convierta también en una forma de acompañar.

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